Se encontraban un buen día Roger y Adrià (guitarrista pervertido y bajista perturbado respectivamente) preguntándose por qué habían ligado tan poco con sus antiguas bandas cuando llegaron a la conclusión de que el rock marrano no ayudaba a poner en situación. Ex-compañeros de delincuencia juvenil, Roger y Adrià habían madurado. Era el momento de hacer una banda que elevara las temperaturas e hiciera vibrar a las nenas.
Al día siguiente y sin la cerveza de por medio empezaron a mover los hilos. Aunque disminuyera el porcentaje de chicas por cabeza para hacer una banda necesitaban a más miembros. Conocían a Xavi, un batería sin escrúpulos, de algunos negocios turbios del pasado y él acepto unirse a la nave del funk-soul sin dudarlo.
Aunque en aquél momento no sabían que se despedían del silencio para siempre, le pusieron una voz masculina al proyecto. Kun había llegado (o está de camino, o bueno...ahí dónde esté está. Y en la banda también). Ensayaban de vez en cuando en un conocido antro de pecado y extorsión en el que apareció un día de la nada Anna. No la conocía nadie pero tenía una gameboy con cámara así que se quedo de cantante.
Y aquí acabaría la historia de Terapia de Groove si no fuera por el amigo de no-se-quien que vino un día a probar de guitarrista. Justin lleva un maldito látigo a los ensayos y nos hace trabajar. Al poco Terapia de Groove debutó. La gente baila en nuestros conciertos. Y canta. Y recoge calcetines al vuelo! Eso nos hace felices pero somos exigentes, queremos más.
Queremos...una sección de vientos! Y se hizo la sección de vientos. No nos lo creemos ni nosotros pero así es.
Cómo si no hubiera suficientes pitos. Ahora sí que ligar va a ser imposible.